Thursday, July 21, 2005

Cholitas Luchadoras.

El New York Times esta mañana presenta un reportaje sobre mujeres luchadoras en Bolivia. De acuerdo al artículo de Juan Forero, mujeres indígenas vestidas con faldas, zapatillas y vistosos shawls, se reúnen cada domingo para una demostración de fuerza y destreza que es equivalente al conocido World Wrestling Entertainment en los Estados Unidos, o al Triple A en México. Durante la semana previa a la pelea las cholitas siguen un riguroso entrenamiento físico (incluyendo subir una montaña de 15.000 pies y levantamiento de pesas) y practican sus movimientos en un gimnasio local, para luego demostrar su destreza ante más de 1000 espectadores.

El evento de la Lucha Libre los domingos por la noche se ha vuelto un espectáculo que atrae por igual a niños y adultos, sobre todo en una comunidad en la que hay contadas fuentes de distracción y diversión para la población. En general el fenómeno de las Cholitas Luchadoras es algo nada menos que fascinante. En primer lugar el hecho de que la mujer indígena, un ser humano que desde su infancia debe enfrentar una vida de arduo trabajo en el campo y sobrellevar una sociedad eminentemente machista, llegue a tener lugar en un tipo de entretenimiento que apunta a una población mayoritariamente masculina es un fenómeno que indica la lenta pero segura introducción de las habilidades e intereses femeninos dentro de áreas que por siglos han pertenecido a hombres.

Si bien es cierto, las Cholitas Luchadoras forman parte de un espectáculo equivalente a un circo, en el cual los espectadores buscan una fuente de diversión a costa de moretones y rasguños que estas mujeres reciben en las peleas, el hecho de que su imagen ya no sea la típica de la cholita tonta, inocente, abusada por el marido y poco mas que mosquita muerta, demuestra que incluso en las sociedades mas remotas hay un impacto de las actuales olas sociales que buscan abrir campo para mujeres dentro de áreas tradicionalmente pertenecientes a hombres. Por supuesto, este cambio se debe casi en su totalidad a los medios de comunicación (y a la tecnología que los expande) que han hecho posible que indígenas en pueblos con limitados recursos económicos y sociales sean testigos de los acontecimientos en el resto del mundo y se vuelvan miembros indirectos de las audiencias a los que muchos programas televisivos son orientados.

Si bien es cierto, un espectáculo como la Lucha Libre no ha sido introducido de la noche a la mañana en América del Sur sino ha formado parte de la cultura de entretenimiento desde hace varias décadas; sin embargo, luego de darle varias vueltas al asunto, no se me viene a la mente el haber escuchado sobre un héroe del ring que haya sido mujer. Hemos visto enanos, hombres gordos y altos, indígenas, orientales, enmascarados, encapuchados, pero la presencia femenina siempre ha sido muy reducida en el cuadrilátero. En Latinoamérica, por limitar mi comentario al ambiente en el que crecí y conozco, el rol de la mujer ha sido relegado a desempeñar actividades eminentemente femeninas, maternales, de cuidado y protección de los miembros de la familia y en general de la sociedad, y si bien es cierto, muchas mujeres hoy día forman parte de la productividad y crecimiento de los países hispanos, hasta la fecha no logramos ver una igualdad de tratamiento, consideración y reconocimiento de los logros y capacidades de las mujeres. Las Cholitas Luchadoras demuestran que incluso en áreas cuyas puertas les estaban cerradas ellas pueden participar y atraer a la misma cantidad de audiencia o incluso mayor que la de cualquier hombre.

Las razones por las que ellas se han vuelto una atracción pueden ser diferentes a las que un luchador masculino llama la atención de sus espectadores. Él puede ser el centro del espectáculo por fuerza bruta, su habilidad física, el numero de contrincantes que derrota en un abrir y cerrar de ojos, la brutalidad de sus actos, la fiereza de su comportamiento, mas una mujer llama aun mas la atención por no solo poseer esas características, sino por cuan inusual es observarlas en ella. Cuan extraordinario es ver a una mujer desempeñando el papel de un hombre es, por el momento, una herramienta que las mujeres deben aceptar y sacar provecho hasta el momento en que logremos un nivel de equivalencia en cuanto a aceptación y admiración de nuestras capacidades en referencia a las del sexo opuesto.

Sin embargo, este tipo de recurso puede sernos útil por solo cierto periodo de tiempo, ya que lo inusual y extraordinario lleva a perder su valor si no es explotado de forma positiva, para luego convertirse en algo extraño y ridículo. Por otra parte, es necesario dentro de nuestra visión por lograr igualdad sexual que las mujeres tengamos en cuenta que debemos llegar a un nivel en el que el punto de referencia en cuanto a actitud y capacidad no sea situado exclusivamente en lo que los hombres han hecho, logrado, actuado o conseguido, sino que el punto máximo de desempeño sea medido también de acuerdo a lo que nosotras llevamos a cabo.

En El Alto, Bolivia, Ana Polonia Choque A.K.A. Carmen Rosa (en la foto a su derecha), madre de dos y propietaria de un exitoso negocio de joyería, es un ejemplo de la capacidad individual para abrirse camino en campos en los que, hasta hace poco, las mujeres no éramos permitidas mas que como observadores, y en los que el aceptar y tomar ventaja de nuestra feminidad nos permite dar un paso adelante hacia la utópica igualdad entre hombres y mujeres.


(Via The New York Times,
“In This Corner, in the Flouncy Skirt and Bowler Hat...”
by Juan Forero, July 21, 2005)

1 comment:

imperioso said...

Coincido contigo hasta cierta parte, pero con la frase "...incluso en las sociedades mas remotas hay un impacto de las actuales olas sociales..." tu caes en un paternalismo igual de despreciable que el machismo que criticas. ¿Remotas para quién? ¿Remotas desde dónde? No voy a negar el machismo en Bolivia, pero también hay una larga tradición de participación femenina en las luchas sociales del país. Hacer entonces a las cholitas luchadoras abanderadas de la reivindicación femenina, y encima gracias a que las pobres indias ahora pueden ver televisión y así se informan un poco de lo que es importante en la vida, me parece absurdo.